Nunca he sido de los que ven el mundo de manera dualista y eso se refleja en multitud de actitudes y reacciones que tengo ante determinadas cosas. Probablemente, el hecho mismo de que sea bisexual tenga alguna relación con esta “amplitud de miras” por la cual rara vez me alineo con ningún extremo y casi siempre tiro por la “vía de en medio”.
Yo creo que todos, aunque sea durante una milésima de segundo, hemos pasado por la etapa de la “curiosidad”; sana o insana. Al menos, si hablo por mí, he de reconcer que me costó un tiempo darme cuenta de mi bisexualidad porque me había acomodado en mi “curiosidad”. Teniendo novia, fantaseaba con chicos, me fijaba en ellos, me sentía atraído por conocidos (y desconocidos…) Pero no sentía la necesidad de que ese impulso que latía dentro de mí se materializara en nada. En parte, porque me sentía plenamente satisfecho con la relación de pareja que tenía en aquel momento. Hasta que no se terminó aquello (por razones que nada tienen que ver con mi sexualidad), no me atreví a dar el paso.
Desde que admití ante mí mismo y ante el mundo en general que soy bisexual, desde que salí del armario, me he dado cuenta de que, en verdad, siempre lo he sido. La atracción estaba ahí. Un hetero que es virgen sabe que es hetero porque se muere de ganas por acostarse con una chica. En resumen, que no hace falta la experiencia para definir la orientación de uno, puesto que lo único que hace falta es tener la atracción, la “inclinación”.
Esa es la teoría, por lo menos. Luego, claro está, la vida real es mucho más complicada. O será que nosotros mismos la complicamos más de la cuenta.
Sé que la etiqueta de “hetero curioso” no es para nada popular. Cuanto menos, indica indecisión. Pero, ¿quién no ha estado indeciso? ¿Nacemos todos con las cosas claras? Está claro que no. La adolescencia es, en este y muchos otros aspectos, una etapa de mucha indecisión, es el momento en el que se comienzan a reafirmar los rasgos y creencias del individuo. Pero no todos vivimos la adolescencia de la misma manera y la experiencia de cada uno siempre es distinta a la de los demás.
Personalmente, creo que la definirse como “hetero curioso” es tan válido como escoger cualquier otra etiqueta. Siempre que uno sea sincero con los demás, no se estará engañando a sí mismo. Por eso pido un poco de compasión ante quienes se autodefinen como tales o, incluso, a los que no se quieren definir. La sexualidad es algo muy complejo, a nadie se le escapa. Cada uno evoluciona (o involuciona, en algunos casos) de manera diferente, y lo que hay que hacer es un ejercicio de comprensión o, cuanto menos, de respeto, ante las opciones que en nuestra cabeza, a priori, no caben. La bisexualidad e, incluso, la misma homosexualidad, son orientaciones que mucha gente no comprende. Hay que contar también con las minorías dentro de las minorías, pues también tienen su espacio.